Vomiting, más allá de la anorexia y la bulimia

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El vomiting es el síndrome de personas que ritualmente consumen grandes cantidades de comida y después la vomitan, con el objetivo de tener sensaciones de placer. El trastorno del vomiting es un cúmulo de sintomatologías con una homeostasis particular que le hace persistir: el hartarse, vomitar y torturarse.

En la actual clasificación diagnóstica el vómiting no es una patología en sí misma si no que está dentro de la anorexia o la bulimia nerviosa. Esto es un error, porque aunque los trastornos iniciales de alimentación como la anorexia y la bulimia evolucionan habitualmente al vomiting, una compulsión basada en el placer, el tratamiento del vomiting ya no debe gestionarse como un trastorno de alimentación.

Normalmente se empieza pensando en bajar de peso. Intentando adelgazar, vomitar se convierte en una técnica para comer y no engordar o incluso adelgazar. Por tanto, el vomitar es una solución intentada para poder comer de manera desenfrenada y no engordar. Vomitar es una estratagema de anoréxicas y bulímicas, que luego se vuelven esclavas del ritual comer-vomitar. Repitiendo este ritual el acto se transforma en placer, porque acciones que repetimos muchas veces, sobre todo si modifica nuestro funcionamiento fisiológico, se convierten en placer.

vomitingEl inicio de la patología no es consciente, se convierte después o mucho más tarde, para instalarse como una compulsión irrefrenable. Después de algún tiempo el trastorno se extiende tanto que le come terreno a cualquier otra actividad agradable del individuo. Si el trastorno no se trata, tiende a hacerse crónico, prevalente, invasivo e invalidante, y la persona vive para comer y vomitar.

Cuando llevan bastante tiempo, a estos pacientes se les deforma el cuerpo, la estructura carotídea del mentón y de la cabeza, se alarga el mentón y se ensancha el cuello. En el vomiting las muertes se producen debido al colapso cardiocirculatorio por la caída del potasio, que es el efecto típico que produce el comer y vomitar.

El vomiting supone una doble compulsividad, una de hartarse y otra de vomitar. Las personas con vomiting sienten placer con el doble ritual de comer y vomitar. Es esa secuencia misma la fuente de placer, de modo que si no se consigue vomitar el placer no es cpletomo. La compulsión puede llevar a la persona a alternar esas dos fases todo el día, porque las compulsiones basadas en el placer son mucho más potentes que las del miedo y cumplen un rol autoregulador en la persona, se siente segura y protegida de todas las cosas desagradables que hay en su vida.

A menudo, se añade a la compulsión de comer y vomitar la compulsión de autolesionarse, como cortarse, por ejemplo. Esta torturarse que acompaña el trastorno puede tener una función sedativa de un dolor insoportable. Puede ser fruto de un abuso o una gran pérdida, o una gran insatisfacción, es como una forma de autocastigo que se convierte en compulsión. No son autolesiones irreparables y con riesgo de muerte. El 10 al 15% de las que comen y vomitan inician este trastorno tras una pérdida, un abuso, una violación, etc. Al final la compulsión también se convierte en un placer, aún manteniendo el poder sedante del hecho.

En el tratamiento médico se suele prescribir antidepresivos. El Prozac se dice que reduce los periodos de atracón. Como es un serotoninérgico, activa, y aveces puede llegar a dar un efecto de hiperactividad, y en ese caso puede aumentar los periodos de atracón y producir agresividad.

Desde la psicoterapia estratégica breve, se entiende que la fuente de placer es la secuencia de comer y luego vomitar. La prueba de todo esto es que al utilizar en el tratamiento de este trastorno técnicas orientadas a alterar, bloquear o reorientar la compulsión basada en el placer, transformándola en algo desagradable, el trastorno acaba desorganizándose hasta su remisión completa.