Trastorno de identidad disociativo o personalidad múltiple

trastorno de identidad disociativo

El trastorno de identidad disociativo (TID) o de personalidad múltiple es un trastorno caracterizado por la existencia de dos o más identidades que controlan el comportamiento del individuo de modo alternante. A este trastorno le acompaña una amnesia consistente en la incapacidad de recordar información personal relevante sobre alguna de las identidades coexistentes. La amnesia no es uniforme en todas las personalidades, de forma que lo que desconoce una de las personalidades puede saberlo la otra.

tidEncontramos en este trastorno fallos de las funciones normales de integración afectiva, de memoria, de identidad y de conciencia, con una inconsistencia general de la propia persona y de su estabilidad intrapsíquica.

El trastorno de identidad disociativo es grave y tiene carácter crónico; puede resultar invalidante y generar incapacidad. Se asocia con mucha frecuencia a intentos de suicidio; de hecho se cree que es muy probable que termine en suicidio consumado. Varios estudios demuestran que del 3 al 4% de los pacientes ingresados y de los consumidores abusivos de sustancias psicoactivas padecen trastorno de la personalidad disociativo.

Parece que las defensas disociativas son comunes durante el desarrollo temprano normativo y que traumas severos de naturaleza sexual, física o emocional pueden provocar la huída del niño de sí mismo y de su entorno conflictivo para reducir la intensidad del trauma padecido, dando como resultado una amnesia total o parcial. Según parece deducirse de la amplia literatura sobre el tema (Kluft, 1993), podríamos decir que este trastorno sirve como mecanismo de control adaptativo frente al abuso infantil prolongado, severo y traumático, aunque es más probable que se trate de reacciones automáticas y no de mecanismos de defensa en el sentido psicoanalítico, es decir carentes de componente intencional. Diversos estudios consideran que la reiteración traumática, con la consiguiente disociación, conlleva problemas en la organización de los recuerdos dolorosos en la memoria explícita, provocando el desarrollo de personalidades múltiples que operan independientemente con sus propios estados de conciencia.

Así vemos que son numerosos los estudios que afirman que los Trastornos Disociativos y en especial el TID, son el resultado de traumas psicológicos graves y repetidos, que se inician generalmente en la infancia, como el de Braun, 1990, Chu, 1991, Bernstein y Putnam, 1986, Coons y Milstein, 1990, Ross, 1991, Saxe, 1993, o Van der Kolk y Kadish, 1987, entre otros. Además, los enfermos de TID, en un 80 o 99%, puntúan para un diagnóstico secundario del trastorno del estrés postraumático (TEPT). En las personas con diagnóstico de Trastorno de Identidad Disociativo la incidencia de abuso sexual es del 85-90% pero no olvidemos que la prevalencia de abuso sexual en mujeres también es muy alta, del orden del 44-77% según estudios de Tilman, Nash y Lerner, 1994. Asimismo, se observa en ellos una comorbilidad importante, pues son personas que padecen otros muchos problemas psicopatológicos como depresión, trastornos alimenticios, abuso de drogas, trastornos de personalidad, como afirman Coons, Bowman y Milstein, 1988. Además, el trastorno es más frecuente en mujeres y su presentación es generalmente polisintomática con síntomas depresivos, somáticos, postraumáticos y disociativos etc.

No obstante, el trauma por sí solo no es un factor suficiente para explicar por qué un individuo acaba desarrollando un trastorno disociativo. Algunas personas sufren situaciones de maltrato grave saliendo adelante sin presentar problemas importantes. Uno de los principales factores de esa resiliencia es el haber tenido al menos una figura de apego seguro. Por ello, aunque en el desarrollo reciente de los modelos de disociación, el papel del trauma ha sido considerado nuclear, cada vez cobran mayor importancia las experiencias tempranas de cuidado, u otros factores en el desarrollo de la patología disociativa. Tilman recoge diversos estudios que avalan el papel fundamental de entorno familiar en este tema. Las familias en las que ocurren abusos suelen ser más disfuncionales a todos los niveles. Los límites son confusos, hay un control conductual más rígido, menor cohesión y adaptabilidad. Cuando las características del entorno familiar se tienen en cuenta en los estudios, el efecto en sí de los abusos desciende hasta el nivel de poco significativos.

Se sospechan y, en algunos casos, se conocen causas orgánicas de disociación. Por ejemplo, se ha establecido su existencia en casos de epilepsia del lóbulo temporal. También se han documentado en la privación del sueño, en la privación sensorial, en los accidentes de origen cerebro-vascular, en casos de encefalitis, cuando se secciona el cuerpo calloso, y en la enfermedad de Alzheimer. Se ha observado que en estos pacientes varias regiones del cerebro se movilizan cuando, bajo instrumentos que miden la actividad del cerebro, los sujetos tratan de revivir las memorias dolorosas, y el área de Broca, importante la traducción de las experiencias subjetivas en la expresión hablada, se muestra singularmente inhibida. También está claro que si áreas de información perceptual y emocional cerebrales están aisladas entre sí, resultan incapaces de mantener una coherencia intrapsíquica, debido al aislamiento mecánico de mallas neuronales dentro del cerebro, porque se impide que se cumpla la ley de contigüidad física. Posiblemente, las divisiones reiteradas conllevarían a alteraciones profundas en los circuitos neuronales, lo que produciría una división del cerebro y la consiguiente aparición del TID.

No obstante, parece que a pesar de que el Trastorno de identidad disociativo tiene un fundamento psicológico y neurológico, no resulta un hecho común ni aceptado en todos los contextos. Para algunos investigadores y psiquiatras sobre todo británicos, se trata de un fenómeno recientemente documentado en la civilización occidental pero sorprendentemente inexistente en países asiáticos evolucionados como Japón, pudiendo, por ello, tratarse de un síndrome cultural.

Tampoco podemos obviar el hecho de que no siempre un estado disociativo debe ser considerado como psicopatológico. Debemos remarcar que los estados alterados de conciencia pueden ser, no solo el resultado de una patología psiquiátrica, sino también la consecuencia fisiológica de la experimentación psíquica que ciertas personas llevan a cabo a través de drogas psicomiméticas o prácticas religiosas. Por eso, el contexto cultural y religioso en el que se desarrollan los distintos estados disociativos determina su grado de normalidad o patología.. Los estados alterado de la conciencia también pueden ser debidos a alteraciones neurofisiologicas. Estas alteraciones pueden ser inducidas deliberadamente o pueden resultar de condiciones sobre las que el individuo no tiene control. Por ejemplo la hipoglucemia, espontánea o consecutiva al ayuno, la hiperglicemia, la deshidratación, con frecuencia corresponsable de las alteraciones psicopatologicas que se desarrollan en el aislamiento en el mar o en el desierto, disfunciones tiroideas o adrenales, deprivación del sueño etc. pueden producir, por ejemplo, cuadros de deprivacion sensorial que conducen a la producción de alucinaciones, desrealizaciones y otros fenómenos psicopatológicos

Estados alternados de conciencia también pueden ser debidos al trance hipercinético asociado con un contagio emocional producido por las masas, conversiones religiosas o experiencias de trance curativo mediante ceremonias, estados de posesión espiritual, etc. Con la disminución del control consciente pueden presentarse expresiones súbitas e inesperadas de emociones primarias intensas, como el éxtasis o los equivalentes orgiásticos, profundo miedo y depresión, emociones distintas a las expresadas en situaciones de vigilia normal. También es típica la aparición de un profundo sentimiento de despersonalización, o un cisma entre el cuerpo y la mente, sensaciones de desrealización o una disolución de los límites entre el yo y los otros, o el mundo. Igualmente se puede dar la presencia de errores perceptivos que incluyen alucinaciones, pseudoalucinaciones, aumento de la imaginería visual, sensación de un aumento sensible de la agudeza perceptiva general, e ilusiones de todos los tipos. El contenido de estos errores perceptivos puede estar determinado por factores culturales, grupales, individuales o factores neuro-psicológicos.

Sin embargo, el TID se corresponde no con una disminución del nivel de conciencia, sino con una fragmentación de la misma, se trata, por tanto, de una concepción vertical de la disociación, hay una escisión o separación entre distintos estados de conciencia, que no tienen por qué estar a distinto nivel (Fairbairn, 1952; Klein, 1946).

Los primeros casos de TID se han publicado en 1970, y por eso muchos psiquiatras aún discuten si se trata de un diagnóstico infra o sobrediagnosticado, existiendo aún dudas sobre si su incidencia real permanece al margen de las cifras oficiales. En éste sentido, existe una fuerte controversia al respecto, pues la psiquiatría británica es escéptica sobre su existencia, atribuyendo en muchos casos, el carácter iatrogénico a este trastorno (Hacking, 1995), en oposición a la estadounidense, que afirma que el trastorno realmente existe.

Diversos trabajos muestran una prevalencia de Trastorno de Identidad Disociativo (TID) entre distintas poblaciones de pacientes psiquiátricos de entre el 4 y el 18% (Kluft y Foote, 1999). Van der Hart hace una revisión de diversos estudios y afirma que en la mayor parte de los países europeos la actitud profesional más extendida coincide en que el TID o trastorno de personalidad múltiple no existe. Sin embargo, esta actitud está cambiando, aunque a velocidad muy diferente en algunos países, siendo los Países Bajos y Suiza donde más se están diagnosticando y tratando los trastornos disociativos, y por tanto, donde se observa una actitud menos escéptica de los clínicos, que están llevando a cabo más investigaciones.

En las investigaciones que se han realizado fuera de Estados Unidos y Canadá, los resultados son bastante concordantes con los encontrados en estos países. Por ejemplo, Kluft (2003) cita 3 estudios europeos realizados en los Países Bajos y Turquía que muestran porcentajes entre el 4,7 y el 5% de Trastorno de Identidad Disociativo (TID) entre pacientes psiquiátricos ingresados. Sar, Akyuz y Dogan (2007) encuentran una prevalencia de TID del 1,1% en mujeres en un estudio sobre población general en Turquía. Se han descrito casos en países como China (Xiao, 2006), donde no es de esperar ninguna potenciación del diagnóstico por parte de los profesionales. Sar (2006) revisa estudios turcos, holandeses, alemanes, finlandeses y suizos, concluyendo que estudios independientes de distintos países demuestran claramente que los trastornos disociativos constituyen un problema de salud mental frecuente no solo en muestras clínicas, sino también en población general.

El Ministerio de Sanidad holandés ha financiado un estudio, dirigido por Suzette Boon y Nel Draijer, psicólogos de la Universidad Libre de Amsterdam, cuyos resultados apuntan a que el 19% de una muestra representativa de pacientes psiquiátricos de Holanda presentaba síntomas de estados de disociación o de TDI. No obstante, no hay ningún resultado que apoye que el TID es un fenómeno restringido a determinadas zonas geográficas, o que sea más frecuente en países donde el diagnóstico es más popular o hay una predisposición más favorable de los clínicos a aceptarlo.

Coons, Bowman, Kluft y Milstein realizaron un estudio sobre la incidencia transcultural del TID a través del envío de un cuestionario de 95 ítems que interrogaba sobre casos de TID y características de los mismos a 132 personas de 27 países no norteamericanos. Como resultado del estudio pudieron concluir que el TID no es fenómeno ligado a una cultura determinada con raíz en EEUU, además, desde 1970 el TID ha sido descrito en 21 países diferentes.

En EEUU, la prevalencia del TID es de un 5.4% según estudios de Ross, Anderson, Fleisher y Norton, 1991, que igualmente observó que un 39% de 100 adultos con problemas de dependencia a sustancias presentaban también un trastorno disociativo, cumpliendo criterios para un diagnóstico de TID un 14% de ellos. (Ross et al., 1992).

En Europa hay recogidos muchos menos datos sobre prevalencia global del TID, aunque van en creciente aumento. Dejando de lado aquellos donde simplemente se argumenta que el TID no existe por ser un fenómeno cultural o bien una alteración mental iatrogenia producida por ciertos psiquiatras y psicólogos, apenas existe algún trabajo suizo, holandés y belga que comente cifras sobre prevalencia. Así, la prevalencia del TID visto por los psiquiatras en Suiza se encuentra en torno al 0.05% – 0.1%.

Por tanto, parecer conveniente reintroducir en nuestra cultura occidental una sensibilidad clínica y psicoterapéutica que sea capaz de hacer una valoración constructiva de las alteraciones de los estados de consciencia y del TID, pues diagnosticarlo correctamente es
importante porque hay diferencias clave entre el tratamiento para el TID, y otros trastornos como la esquizofrenia o la depresión, pues, por ejemplo, los medicamentos para tratar estados psicóticos están contraindicados.

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Autor Anabel Gonzalez Vazquez
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Clínicas psiquiátricas de Norteamérica: Trastornos disociativos: una ventana abierta a la Psicobiología de la mente
Autor Richard A. Chefetz
Publicado por Elsevier España, 1690
ISBN 844581690X, 9788445816905
http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=9O2ChyvtfDQC&oi=fnd&pg=PR15&dq=%22trastorno+de+identidad+disociativo%22&ots=2FYMtZBiPe&sig=2ER7nM_r7C_V6WL42SgQmOodXBY#PPR7,M1

Titre du document / Document title
Epidemiology of multiple personality disorder and dissociation
Auteur(s) / Author(s)
ROSS C. A. ;
Affiliation(s) du ou des auteurs / Author(s) Affiliation(s)
Univ. Manitoba, dep. psychiatry, Winnipeg MB R2H 2A6, CANADA
Revue / Journal Title
The Psychiatric clinics of North America ISSN 0193-953X CODEN PCAMDG
Source / Source
1991, vol. 14, no3, pp. 503-517 (56 ref.)
Langue / Language
Anglais
Editeur / Publisher
Saunders, Philadelphia, PA, ETATS-UNIS (1978) (Revue http://cat.inist.fr/?aModele=afficheN&cpsidt=4964385

PREVALENCIA, DIAGNÓSTICO Y ABORDAJE TERAPÉUTICO DEL TRASTÓRNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO o TRASTÓRNO DE PERSONALIDAD MÚLTIPLE
Autores: Dr. F. Orengo García
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FOMBELLIDA VELASCO, L. y SANCHEZ MORO, J. A. Personalidad múltiple: un caso raro en la practica forense. Cuad. med. forense. [online]. 2003, no. 31 [citado 2008-11-12], pp. 05-11. Disponible en: <http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-76062003000100002&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1135-7606.

Epidemiología, diagnóstico y abordaje terapéutico del trastorno de personalidad múltiple
Autores: F. Orengo García
Localización: Psiquis: Revista de psiquiatría, psicología médica y psicosomática, ISSN 0210-8348, Vol. 18, Nº 2, 1997 , pags. 24-36