Parejas donde la rutina no es problema

terapia de pareja

EN PAREJA LA RUTINA NO ES EL ENEMIGO

La vida cotidiana de una pareja debe incluir el valorar, reconocer, negociar, solucionar, comunicar.  La cotidianidad nos ayuda a crear una identidad, como personas y como pareja. Aquellas pequeñas cosas, las que se van realizando día con día, como parte de una rutina, dan significado a la construcción de una historia común.

La decisión de vivir juntos

pareja con rutinaUna de las decisiones más importantes que se toman en la vida es elegir a la pareja, aquella persona con quien uno decide compartir los sueños, los ideales, construir un proyecto de vida en conjunto en el cual se nutren mutuamente. La mayoría de las parejas que han decidido unirse tienen puestas todas sus esperanzas y anhelos en tener una vida placentera y satisfactoria con la persona amada. Conforme va pasando el tiempo, la relación de pareja va cambiando y madurando, y el éxtasis e idealismo que se vive en la primera etapa, lo que conocemos como enamoramiento, se va transformando. Se comenta en medios de comunicación, en entrevistas, cursos y talleres sobre el tema de parejas,  acerca de la importancia de no caer en la monotonía, argumentando que la rutina es la puerta al desgaste y deterioro en la relación. Sin embargo existen también otros factores que influyen para que una relación no funcione y no precisamente es la cotidianidad, el día a día en pareja la que interfiere.

La riqueza de la cotidianidad

Reflexionando acerca de nuestra vida, nos damos cuenta de que ésta se conforma de una gran cantidad de prácticas cotidianas que van creando significados a partir de los cuales definimos nuestra realidad. La mayoría de las veces estas prácticas no son percibidas porque son muy naturales para nosotros. Para Fernández Christlieb la cotidianidad es concebida como una actividad, un juego que ha existido eternamente junto con los seres humanos. Fernández Christlieb menciona que como en todo juego, hay reglas, maneras y jugadores que van creando la cotidianidad por medio del sentido, los símbolos y significados que se le otorgan a las cosas.

Con respecto a la pareja, si se les preguntara a sus integrantes cuáles han sido los momentos que han disfrutado más en su relación, probablemente la respuesta sea la luna de miel, un aniversario, un viaje, una cena especial… Son momentos que seguramente rompen con la cotidianidad y la rutina. Pero si la pregunta es qué los sigue manteniendo unidos, tal vez la respuesta será diferente y los llevará a recordar los valores que existen en su relación: el amor que sigue estando presente, el respeto, la confianza, la lealtad, la admiración por lo que hace el otro, etc. Y si los cuestionamos sobre cómo se demuestran el amor, de qué forma demuestran la admiración que se tienen, quizá responderían que con las prácticas y actividades cotidianas que han ido construyendo día a día como pareja.

En consulta terapéutica, una paciente que está pasando por un bache en su relación, mencionó lo que más echaba de menos de su pareja. Reflexionando, comentaba que no lo necesitaba económicamente, pues ella como mujer profesional era independiente. Tampoco necesitaba su apoyo con el cuidado de sus hijas, ya que anteriormente cuando él viajaba, ella había demostrado que podía salir adelante. Después mencionó que lo extrañaba cuando se sentaba en el sofá de su sala a ver una película y él no estaba a su lado para disfrutar de estar juntos (sentados uno al lado del otro); extrañaba despertar y preparar el desayuno juntos; extrañaba hasta los momentos en que las niñas estaban por entrar al colegio y los cuatro (la pareja y sus dos hijas) se reunían en la sala del comedor a forrar los cuadernos. Son todas estas actividades y prácticas cotidianas las que van dando significado a la relación de pareja.

Retomando a Fernández Christlieb, la cotidianidad es el sentido que le queda a la dinámica de la pareja cuando el resto de los sentidos se retiran. Es la actividad siempre presente, que aparece cuando los demás pierden su sentido; que está cuando no queda nada más; el único juego del que no se vale salir porque implicaría caer en la locura, la anomia o la muerte.