Estrategias para solucionar problemas

Este cuento ilustra cómo empleamos las estrategias para solucionar problemas. A veces, nuestras estrategias basadas en la lógica ordinaria o sentido común no funcionan. Es entonces cuando es necesario dar un giro diametral a la solución que venimos aplicando para lograr un cambio.

Durante el medievo un estratega militar chino era huésped de un príncipe europeo. Durante su estancia tuvo la oportunidad de participar en uno de los torneos caballerescos que en aquélla época tenían lugar. El sabio estratega chino preguntó al príncipe en qué consistía la contienda. Éste le explicó la sencilla regla: cada uno de los príncipes alistaba a sus tres mejores campeones, que se habrían desafiado: el equipo que ganase más enfrentamientos sería el vencedor.

estrategia para solucionar problemasEl maestro chino meditó durante un momento y le sugirió al príncipe lo siguiente: “Querido amigo, permíteme un consejo: haz combatir a tu tercer campeón con su primer campeón, a tu primero con su segundo y a tu segundo con su tercero. Perderás el primer enfrentamiento pero ganarás los otros dos”. Y así fue. Esta historia nos muestra como un problema en principio complicado, puede resolverse con éxito y en poco tiempo utilizando una estrategia adecuada.

Cuando una persona se encuentra ante una dificultad, problema o malestar personal, relacional o profesional, lo primero que hace para resolverlo es poner en marcha una estrategia que le parece adecuada y que ya le ha resultado útil en el pasado para solucionar una situación similar. Si esto funciona, la dificultad se resuelve pronto. Pero a veces, la estrategia elegida no funciona como esperábamos y lo que ocurre es que lo seguimos intentando una y otra vez porque pensamos que tiene que funcionar, porque nos parece lógico que sea así. Pero cuanto más usamos esa estrategia ineficaz, la dificultad no sólo no se resuelve, sino que tiende a complicarse llegando a convertirse en un problema de mayor envergadura.

Es decir, las “soluciones intentadas” llevadas a cabo por la persona y por las personas que le rodean para intentar resolver el problema acaban por alimentarlo haciendo que este persista. Es innegable que en muchas ocasiones con la mejor de las intenciones se consigue el peor de los efectos.

A menudo, la persona reconoce que su estrategia para solucionar el problema no es funcional pero, a pesar de ello, no consigue hacer otra cosa, desarrollando así una profunda desesperanza en la posibilidad de un cambio o una mejora de su situación problemática.

[1] Cuento extraído de El Arte de la Estratagema de Giorgio Nardone.