Cuando no se acaba el amor sino la paciencia

autoestima

paciencia amorA veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia, esa que dicen que es santa, porque resiste vientos y mareas y siempre acaba dando más de lo que debería. A veces tenemos que aprender a valorarnos y saber poner un punto final a aquellas relaciones que, lejos de beneficiarnos, no nos permiten crecer y nos perjudican.

No importa cuánto amemos a alguien, no importa el tiempo que hayamos compartido o los sueños que hayamos construido. En ocasiones, el amor, por sí solo, no es la llave de las relaciones felices.

Cuando no hay reciprocidad, comprensión o respeto, la paciencia termina acabándose.

Sin lugar a dudas, esta situación es algo que todos hemos experimentado alguna vez con gran dolor y sufrimiento. Porque decir adiós a quien fue tan significativo en nuestra vida duele, pero es una necesidad vital de la que hay que aprender.

Cuando se acaba la paciencia, se acaban las ganas, se apagan las ilusiones y corremos el riesgo de terminar perdiéndonos a nosotros mismos en el vacío de la frustración y la falta de la autoestima.

paciencia amorAhora bien ¿Cómo no ofrecerlo todo por esa persona con quien hemos construido un vínculo afectivo y vital, e incluso un proyecto de vida?

Está claro que queda justificado el que cedamos en ocasiones más de la cuenta, que perdonemos hoy mañana y pasado, y que esperemos un poco más con la esperanza de que las cosas mejoren… Pero en ocasiones, la realidad acaba cayendo por su propio peso para abrirnos los ojos.

El amor requiere de paciencia hasta un límite

Nuestro corazón no puede borrar de la noche a la mañana lo que siente, pero cuando se pierde la paciencia uno empieza ya a quitarse una tras otra, todas las vendas que lo cegaban.

Hay quien dice que la paciencia es una virtud, pero está claro que esta dimensión no puede aplicarse a todos los ámbitos, y que además, debe tener unos límites. No podemos pasar una vida entera siendo pacientes viendo cómo se vulneran nuestros derechos, nuestras necesidades como seres que necesitan reciprocidad, cuidado, afectos y reconocimiento.

El amor requiere compromiso, voluntad y paciencia… pero hasta cierto punto. Te digo adiós porque mi paciencia ha cumplido su fecha de vencimiento y aunque te quiero, me quiero más a mi

La paciencia en el amor no es lo mismo que pasividad

Tal y como te indicábamos antes, a menudo suele definirse el concepto de paciencia como una virtud. La paciencia es la facultad que tenemos las personas para posponer aquello que nos aporta satisfacción, porque pensamos que esa espera, nos traerá cosas mejores.  También se define la paciencia como una habilidad: la que tenemos para tolerar situaciones desfavorables ante las cuales podemos tener o no tener el control. Ahora bien, cuando hablamos de amor, es necesario que mantengamos siempre el timón de nuestra propia realidad.

Hay quien se justifica usando esta palabra como una dimensión que hay que asumir: Las cosas están mal, pero ¿qué se le va a hacer? Hay que tener paciencia. “¿Qué podemos hacer si él o ella es así? No podemos cambiarlos, así que es mejor mantener la paciencia”…No hay que confundir paciencia con pasividadrespeto en pareja

En realidad ahí está la auténtica clave. Podemos ser pacientes, podemos hacer de la paciencia nuestra mejor virtud porque nos ayuda a analizar mejor la situación, a saber observar, a ser reflexivos. No obstante, todo este proceso interior nos debe permitir ver la auténtica realidad.

Una persona paciente no tiene por qué ser pasiva. La persona pasiva hace de la tolerancia su forma de vida, permitiendo abusos hasta experimentar en piel propia como se vulnera su integridad. Y ello, es algo que nunca debemos permitir.

Los beneficios de ser paciente pero no pasivo

A la hora de establecer y mantener una relación afectiva, la paciencia es un pilar en el día a día que debemos reconocer. Está claro que no tiene por qué gustarnos cada aspecto, comportamiento o costumbre de nuestras parejas, pero no por ello vamos a actuar de forma impulsiva echándoselo en cara, y rompiendo la relación.

Somos pacientes, respetamos y toleramos porque amamos. Porque sabemos también que en toda pareja existe un tiempo para que las cosas se armonicen, para que todo encaje y comprendamos a su vez, las necesidades de cada uno.

La paciencia debe ser mutua y llevarse a cabo casi a modo de ejercicio. Yo soy paciente contigo porque te respeto y te quiero, porque te reconozco como persona, y sé que amar no es solo querer las coincidencias, sino respetar también las diferencias.
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Ahora bien, la paciencia requiere a su vez claridad emocional. Debemos saber dónde están los límites y comprender en qué momento se nos está vulnerando como personas. Como miembros de una relación afectiva.

No hay que ser pasivos ante las exigencias cargadas de egoísmos, ante la posición de priorizarse uno por encima del otro. No hay que cerrar los ojos a las carencias ni ser impasibles al dolor emocional que nos provocan los vacíos, los desprecios o ese maltrato sutil ejercido a través de palabras envenenadas. Es aquí donde la paciencia debe caer, descorrer su velo para ver la verdad.

Cuando se termina la paciencia… ¿Qué?

Cuando se termina la paciencia llega la decepción porque ya somos conscientes de nuestra realidad en todos sus matices. En todos sus claroscuros. Ahora bien, esto no significa que debamos romper al instante esa relación de forma obligatoria, si aún seguimos amando a la persona.

Es momento de hablar, de poner en alto cual es la situación y decir lo que sientes y lo que necesitas. No se trata de evadir el problema. Si ese compromiso nos importa, daremos todo lo que nos sea posible por mantenerlo.

Ahora bien, para que una relación prospere o sane esas carencias que nos hacen daño, el esfuerzo debe ser mutuo. En el instante en que uno ofrece más y el otro solo invierte sus propias excusas, la paciencia se acaba perdiendo por completo, y con ella, la decepción se convierte en un abismo insondable.

La paciencia no es sólo la capacidad de esperar, sino la habilidad para comprender que merecemos cosas mejores

Tienes la opción de vivir el “aquí y ahora”  atendiéndo tu felicidad en este mismo instante

En ocasiones, a muchos nos transmiten ideas culturales basadas en tradiciones erróneas y peligrosas. El amor no es “aguantar” cada día algo que no nos gusta, el amor no es sufrimiento, ni tener que disimular cosas que no nos gustan por no hacer daño al otro.

  • Atiende “el aquí y ahora”. Si en este mismo instante te sientes feliz, ilusionado y tu corazón alberga una sensación serena y satisfactoria, todo va bien.
  • Si lo que intuyes en este momento es preocupación y miedo, valora en qué punto está tu relación. El amor no son lágrimas, porque quien bien te quiere te hará feliz y no desgraciado. Por ello, no dudes nunca en atender tu corazón y tus pensamientos.

La paciencia tiene un límite: tu autoestimaautoestima

Sin saber muy bien cómo, acabamos cediendo y cediendo en tantas cosas que, al final, dejamos de reconocernos a nosotros mismos.

  • Puedes perdonar hoy y perdonar mañana. El perdón es positivo, siempre y cuando exista reciprocidad y sinceridad en el arrepentimiento. Ahora bien, la cuota de “cesiones y concesiones” es limitada.
  • Cada vez que cedemos en algo perdemos parte de nosotros mismos. Renunciar a una afición, a un trabajo o incluso a dejar de ver a determinadas personas porque nuestra pareja siente celos, implica renunciar a una parte de nuestra identidad.
  • Nuestra paciencia tiene un límite, y ese límite es nuestra integridad. En el momento en que notes que has dado demasiado y ninguna de esas cesiones ha sido recompensada o desconocida, valora tu situación. Tal vez debas tomar una decisión.

Decir adiós también es crecer

Decir adiós a una persona es dejar atrás nuestro modo de vida, es dejar hábitos, costumbres y, ante todo, la compañía de una persona que, hasta no hace mucho, era tan importante como el aire que respirábamos.

Ahora bien, puede llegar un instante en que “ya nos falta” el aire y, a pesar de que siga existiendo amor, percibimos que el sufrimiento y la desilusión está quebrando nuestra salud emocional y nuestra salud.