Cuándo es necesario hacer terapia de pareja?

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Cuándo es necesario hacer terapia de pareja?

La terapia de pareja es necesaria cuando la pareja se enfrenta a un final no deseado. La frustración que produce no saber solucionar los problemas, y no conseguir sentirse felices hace que se multipliquen los motivos de choque entre ambos.

¿Cuándo necesitamos realmente ir al psicólogo?

Seguramente el mejor momento sea ese en el que comienza la espiral negativa, donde la pareja no consigue solucionar las dificultades por sí misma. Es muy útil, entonces contar con la ayuda alguien externo cualificado y con conocimientos. La ruptura total, o la separación, es algo que puede rondar por nuestras cabezas, pero es una verdadera pena terminar con algo que puede solucionarse, y más si tenemos hijos.

terapia de parejaLa colaboración de los dos es muy conveniente, y cuando uno proponga la oportunidad de una terapia de pareja, que el otro esté dispuesto a ir ya es un gran paso. Sin disposición de uno de los miembros también hay posibilidades, pero es más lento y difícil.  La dificultad en estos casos aumenta porque solo podemos ayudar a un 50% del problema. Aun así en muchas ocasiones se supera.  El mejor consejo es que no se deje para cuando ya es demasiado tarde.

Vamos a analizar qué motivos pueden llevarte a necesitar la terapia de pareja:

  • ¿La comunicación se ha vuelto negativa? Cuando se pierden las bases de una buena comunicación entre los miembros, es complicado el reconducirla correctamente. No podemos permitir una comunicación negativa, agresiva, o pasiva, inexistente porque acabara por consumir las bases del amor. Comenzará la inseguridad y se pierdan las ganas de compartir o de hablar. El remedio está en una persona externa, psicólogo, profesional y con conocimientos os ayuden a cambiar el estilo de comunicación, y os permita salvar eso que con tanto esfuerzo habéis creado juntos.
  • Reconducir una infidelidad. Volver a confiar después de conocer una relación extramatrimonial requiere de un tremendo esfuerzo por parte de ambos. En ocasiones la pareja no se recupera 100%, pero podremos evitar separar nuestros caminos. Enmendar nuestros fallos recuperando un firme compromiso, olvidando errores para que no nos los reprochemos en cada discusión.
  • La excesiva individualización. Les pasa a muchos que pasados unos años de convivencia y vida en parejacomienzan a desempeñar actividades individuales que aíslan o nos separan de la pareja. Esta separación acabara provocando otros problemas mayores haciendo que lejos de tener una vida juntos solo convivamos bajo un mismo techo. Sin compartir nada más que eso, siendo simples compañeros de piso, nos sentimos muy vacíos y en ocasiones solos. Es por eso que para saber cómo encaminar de nuevo la pareja como tal, necesitamos aprender unas pautas fijas para valorarnos y apostar por la vida en común.
  • El no saber cómo atacar los problemas leves. Cosas pequeñas sin importancia que acaban convirtiéndose en una bomba que nos explota de manera desproporcionada. Simples diferencias que no deberían ser más que eso, simples, y van creciendo en un efecto de bola de nieve que desespera a ambos miembros. Por eso debemos saber qué y cómo tratar las cosas según su importancia.
  • La irritabilidad de uno de los miembros de la relación. En ocasiones, motivados por situaciones o problemas externos vemos como uno de los miembros del matrimonio adquiere una actitud irritada continua, difícil de llevar. La ironía, los reproches, el mal tono, y otras situaciones similares desestabilizan la relación. Para evitarlo debemos acudir a la terapia de pareja en busca de pautas.
  • Los periodos fuera de casa. Encontramos parejas que por su trabajo pasan largos periodos de tiempo fuera del hogar. Esto en muchas ocasiones crea desconfianza, lejanía, desconexión, y por tanto un desamor que suele acabar en ruptura sentimental.  El alejamiento emocional provocado por la falta de roce diario se puede tratar, consiguiendo resultados sorprendentes que mejorarán, y mucho, la calidad emocional.
  • Esa sensación de que solo compartimos hijos, y somos co-padres. Es una situación recurrente, en la cual vemos como parejas se ven unidas por este delicado hilo que son los hijos sin que ya nada los una como pareja. Existe unidad familiar aceptable, pero la pareja se ha difuminado. Sin embargo ambos comparten mil cosas que muchas veces por el paso del tiempo dejan de valorarse.